Los ataques de pánico disminuyen con una alimentación sana

Los ataques de pánico y la alimentación

En el caso de que la ansiedad y los ataques de pánico no te hayan llevado todavía al médico y estés intentando remediar este problema por tu cuenta, es importante que sapas que dependiendo de como te alimentes y con que, puedes mejorar o perjudicar tu estado.

Si te estas preocupando de manera constante, si tus frustraciones son crónicas y estas en un continuo estado de tensión e irritación. Si el sentimiento de impotencia y la falta de esperanza de sobrepasan, lo más probable es que padezcas ansiedad.

En general estos estados van acompañados de momentos de pánico. El corazón empieza latir más fuerte y más rápido, surgen sensaciones extrañas en el estomago, se sufren mareos, sensación de nudo en la garganta y trastornos digestivos.

Aparte de los medicamentos, la alimentación puede ayudar significamente a mejorar nuestro estado, dado que muchas personas que se enfrentan a la ansiedad y a los ataques de pánico tienen deficiencias en lo referente a las vitaminas y los minerales que necesita su cuerpo. En especial las carencias del complejo vitamínico B y de magnesio. Las frutas, las legumbres frescas y los cereales integrales son de gran ayuda, restaurando las reservas del organismo que han sido “secadas” por el estrés prolongado.

Los suplementos de vitamina B y C, de calcio y de magnesio asi como de Omega 3 ( que se encuentra en el pescado) pueden ser de muy recomendables. No obstante, es conveniente consultar con un médico ya que algunas de estos suplementos podrían interaccionar con algunos medicamentos.

Lo que debes evitar si padeces de estrés y ataques de pánico

Los estímulantes fuertes, sin importar de que tipo, como por ejemplo la cafeína, son muy peligrosos para las personas que padecen ansiedad y ataques de pánico. Estos puede desencadenar ataques de pánico incluso después de un periodo de tiempo sin haberlos consumido. Otra sustancia que puede agravar los síntomas es la nicotina así como también el alcohol, el azúcar (el blanco), la miel y la fructosa.

Los aditivos y los conservantes alimentarios que muchas veces encontramos en productos procesados, son también muy peligrosos. El aspartamo entra en la misma categoría de productos potencialmente peligrosos.

En general, las personas que sufren de ansiedad deberían evitar a toda costa los productos refinados como es el caso de la harina blanca que puede llevar a una carencia de vitamina B1, uno de los desencadenantes de la ansiedad y inestabilidad emocional.

El consumo de arroz blanco también puede ser una mala opción. Como todos los carbohidratos refinados y procesados ha perdido su contenido en magnesio. La carencia de magnesio puede ser un factor importante en los ataques de pánico.

Las personas que sufren de ansiedad se deben alimentar de forma correcta. Es muy importante no saltarse las comidas porque el nivel bajo de azúcar en sangre puede llevar a la secreción de adrenalina que a su vez podría desencadenar ataques de pánico. Comer menos pero varias veces al día es mucho mejor que comer mucho y pocas veces.

Un papel importante en los estados de ansiedad y en los ataques de pánico lo pueden tener también las diferentes alergias alimentarias. Merece la pena eliminar gradualmente, durante dos semanas, diferentes tipos de alimentos (el trigo y los productos que contienen leche son los más comunes), para averiguar si alguno de ellos está agravando los síntomas.